CURIOSIDADES VENGANZA DE AMOR Y MUERTE EN BARCIAL DE LA LOMA.

 
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VENGANZA DE AMOR Y MUERTE EN BARCIAL DE LA LOMA - CURIOSIDADES BARCIAL DE LA LOMA


VENGANZA DE HONOR Y MUERTE EN BARCIAL DE LA LOMA
Texto de Raúl F. Catón Abril nacido en Barcial de la Loma el 20 de enero de 1958 día de San Sebastián y San Fabián (Día de los mártires).






1.- LOS CABALLEROS

SUERO DE QUIÑONES

Hijo, segundo varón tras Pedro de Quiñones, de Don Diego Fernández de Quiñones –Señor de Luna, Merino mayor de las Asturias y Doña María de Toledo.
Nacido en 1.410
Pasó su infancia y adolescencia en tierras de León, residencia de su familia y en la que su padre ha conseguido del Rey el privilegio de ser enterrado junto con sus descendientes en la cripta de los Reyes de León en San Isidoro.
Junto a su hermano pedro y ante el Rey Juan II, que ha recibido con cierta amabilidad al Merino Mayor de las Asturias y aun con más astucia que amabilidad; son entregados como “criados” al Condestable Don Álvaro de Luna para ser formados como caballeros.
Dejan León por la Corte.
Desde la caída del Condestable Dávalos, es elevado a la categoría de tal D. Álvaro de Luna, este lo es en toda Castilla. Juan II se siente cada vez más a gusto dimitiendo sus deberes reales en las manos de su favorito para dedicarse tan sólo a la bella indolencia del arte. Este favorito, que desde que ambos eran adolescentes le tiene subyugado hasta convertirle en su amante y criado de cama, que para colmo de delicias es un gentil poeta y es el mejor justador de Castilla.

Bautizado en armas y armado caballero a las órdenes del más noble y poderoso caballero de Castilla D. Álvaro de Luna, tras las correrías en la conquista en el Reino de Granada vuelve a su León natal.

Aburrido y colgada la armadura entra en cárcel de amor y pide como ya se relatará permiso al rey para casarse con Doña Leonor Tovar.

Descubierto y comunicado su amor en 1.433 al Condestable y éste a la Corte al dedicar Suero el hermoso trofeo ganado en torneo en Madrid en ese mismo año.


GUTIÉRRE DE QUIXADA

El linaje de los Quijada y por consecuencia de Gutiérre Quijada IV, señor de Villagarcía de Campos, se remonta documentalmente a mediados del siglo XIII. Al año 1.247 cuando en el asedio de Sevilla encontramos a D. Arias Gonzalo de Quexada.

En 1.332 el linaje de los Quijada se ha engrandecido pues encontramos a cinco miembros entre el centenar de caballeros q acompañaban a Alfonso XI en sus días de coronación en Burgos.

Será Gutiérre González Quijada II el que vinculará definitivamente Villagarcía de Campos como casa de los Quijada al recibir el señorío de esta villa de manos del rey Juan I entre 1.379 y 1.390.

Esta donación del rey Juan I correspondía: a la Villa de Villagarcía de Campos, a la Villa de Barcial de la Loma, Villanueva de los Caballeros y Santa Eufemia.

Gutiérre Quijada IV, protagonista de nuestra historia, tras heredar las cuatro villas mencionadas se forma como caballero y maestro de armas junto al condestable D. Álvaro de Luna, participando en la conquista de las tierras de Granada ya desde 1.431.

A estas cuatro villas heredadas añade tras albalá otorgada por Juan II en 1.453 los lugares de Castellanos. Un lugar con este nombre conocemos no lejos de Villa García entre Gallegos de Hornija y Vega de Valdetronco siendo una aldea de Torrelobatón.

El día 11 de julio de 1.456 da muerte en Barcial de la Loma a D. Suero de Quiñones.



















2.- AL SERVICIO DEL CONDESTABLE D. ÁLVARO DE LUNA

de En el verano 1431, dominada la nobleza, después de acabar con la revuelta de los que apoyaban a los infantes de Aragón, Don Álvaro de Luna planea la guerra contra el Emir de Granada para concluir la reconquista.

El pregón que corre por todo el reino es aceptado por todos. El ya tiene preparadas las mil lanzas de su servicio y los caballeros de su casa y estado.
El Almirante de Castilla, El conde de Benavente, Fernán Álvarez de Toledo, Juan Delgadillo, Alonso de Estuñiga; obispos, abades, Grandes de Castilla…todos han respondido a la llamada.

Entre los caballeros al servicio del Condestable Don Álvaro de Luna cabalgan hacia Granada, Pedro de Quiñones, Suero de Quiñones, Estuñiga, Acuña y Gutierre González de Quijada. Todos quieren superarse, combatir, morir, ser.

El Condestable por un lado y el rey por otro, ambos con sus caballeros llegan a Granada, asediando la ciudad.

En el campamento están comiendo y bebiendo esperando la orden y el momento oportuno para lanzar la batalla.

Es el Maestre De Calatrava quien ha salido del campamento con sus caballeros, pocos, para desaguar algunas acequias que servían agua a la ciudad. De pronto se abren las puertas de Granada que empiezan a vomitar una avalancha de tres mil jinetes moros que caen de improviso sobre el Maestre. Este envía un mensajero al campamento avisando del ataque y de su inferioridad. Desde el campamento todos salen en su ayuda y comienza la gran batalla.

El primer grupo que llega al campo de batalla es el haz del condestable Don Álvaro de Luna. En él, Suero de Quiñones, Pedro de Quiñones, el cuñado de ambos Acuña y Gutierre González Quijada son los que más destacan por su valor y entrega.

La batalla se va ganando. Los moros se retiran a la ciudad y las puertas se cierran de nuevo. Las trompetas del rey tocan victoria. De vuelta al campamento, para los caballeros las más ricas viandas. Se cuentan lances de caza y amor. Ríe el rey y ríe el condestable.

Suero de Quiñones, con Gutierre González Quijada, con Acuña, con Estuñiga, tiene también estrépitos de alegría, alzar de jarros con golpes en la mesa. Se conquistará Granada, se expulsará a la morisca, se llegará hasta el mar.

En plena fiesta, ya al atardecer de ese día ocurre algo insólito. La tierra ha temblado.

Sobre el campamento el silencio es total. Los soldados y caballeros van saliendo de sus tiendas asustados. Aunque el terremoto no ha causado daños en el
Campamento. Sí muy grandes son los daños en la ciudad de Granada. Se ha derrumbado gran parte de la ciudad y las perdidas humanas y de edificios ha sido considerable.

Pasan los días sin combatir y sin atacar la ciudad ahora mermada de sus fuerzas. Y de pronto el rey y el condestable mandan levantar el campamento y volver hacia Castilla.

Cuentan las crónicas que muchos y buenos caballeros pretendían forzar al rey para que la ocasión no se perdiese. A la cabeza de ellos el obispo de Palencia, Pedro Ponce y el Conde de Haro. Mientras otros apoyaban al condestable don Álvaro de Luna para que se retirasen. Se cuenta que los moros ricos de la ciudad pagaron con mucho oro al condestable para que tomase esta decisión. Sabemos que Suero de Quiñones estaba entre los primeros. Entre los que querían seguir la guerra y terminar la reconquista.

Lo que no sabemos es si Gutierre González de Quijada estaba entre los segundos. Aunque es sabido su lealtad y servicio al condestable, con lo cual es de suponer.

Empieza el fuerte lazo de unión de los Quijada con el Conde Luna.
También en la hueste real junto al rey Juan II, que en Medina del Campo se enfrentaba con los ejércitos de los infantes de Aragón, volvemos a encontrar en junio de 1441 a don Gutierre González Quijada.

El año 1445 de nuevo es citado don Gutierre en otra acción militar formando parte de la hueste de don Álvaro de Luna en la batalla que va a librar victoriosamente en Olmedo el 19 de mayo.
Entre los vencidos se encontraba el Almirante de Castilla y señor de Medina de Rioseco, casado con una hermana de don Suero de Quiñones. Junto a las tropas de los nobles sublevados está Suero de Quiñones, quien en Roa ha abandonado las tropas del rey para unirse a las de su cuñado el Almirante de Castilla.

El derrotado Almirante de Castilla era señor de Medina de Rioseco, Villabrágima y otros muchos lugares, aunque no consta que don Gutierre recibiera ni temporalmente Villabrágima, pues un acuerdo entre la esposa del Almirante y el Rey, reservaba para sustento de aquella las villas de Villabrágima, Tamariz, Villada y Berrueces con sus jurisdicciones y rentas.

Gutierre González Quijada siempre al servicio del rey será designado por Juan II, al tenerse que alejar este hacia Toledo, para que junto con el Conde de Santa Marta dirigiera las fuerzas que estaban asediando en la Villa de Benavente la fortaleza de esta plaza, donde resistían los partidarios del conde de Benavente, casado, como el Almirante de Castilla, con una hermana de don Suero de Quiñones. El asedio fue levantado cuando el conde de Benavente reunió grandes huestes para romper el asedio.

El señor de Villagarcía se encontraba entre los caballeros que formaban parte de la Casa de Don Álvaro de Luna y que de él recibían acostamientos o retribución, como se declara en la Crónica de don Álvaro de Luna.
En el año 1453 es apresado y encarcelado en la cárcel de Burgos, por el Rey, don Álvaro de Luna.
El Rey Juan II trata de que sea Gutierre González Quijada quien le dé muerte.

Gutierre pidió al rey no hacer tal cosa por la amistad y unión que tenía con Don Álvaro con quien incluso había vivido. No se enfadó mucho el Monarca con esta petición. Más bien al contrario benefició a Gutierre González Quijada con nuevos beneficios sobres las tierras y poblados que tenía bajo su jurisdicción.

Estimó más su silencio, pues poco después Juan II por albalá expedido en Valladolid el año 1453 otorgará a don Gutierre una merced de gran importancia pecuniaria como fue la concesión de las alcabalas, tercias, pedidos y monedas << de los dichos vuestros lugares de Villagarcía, Santofimia, Villanueva de los Caballeros, Barcial de la Loma y Castellanos para agora y para siempre jamás, para vos y para vuestros herederos y sucesores >>.

Los motivos de esta graciosa donación de 1453 son expresamente mencionados: << los grandes gastos e trabajos que por mi servicio avedes sufrido ya pasado en los movimientos y escándalos acaecidos en estos mismos reynos y señoríos donde me servistes bien y lealmente como bueno y leal vasallo y porque los vuestros lugares de Villagarcía, Santofimia, Villanueva de los Caballeros, Barcial de la Loma y Castellanos, fueron entrados y robados por el rey don Juan de Navarra y sus secuaces y por otras ciertas personas, en alguna enmienda y remuneración de ellos y porque vos venistes por me deliberar de la prisión en que me tenía el dicho rey de Navarra y sus secuaces en la villa de Tordesillas>>.

Estas invasiones a las tierras de Castilla por el rey de Navarra tuvieron lugar con la revuelta de algunos caballeros contra el rey antes citadas, como las del Conde de Benavente y el Almirante de Castilla.
Por el mismo documento sabemos que por esa fecha de 1453 don Gutierre era vasallo del rey, título solo otorgado aquellos que se hallaban vinculados al monarca por una especial relación personal; igualmente era miembro del Consejo Real y pertenecía a la Guarda como Alférez Mayor de la misma.











3.- PERMISO PARA CASARSE.

Es viernes primero de enero de 1434.

Frío ceniciento sobre Medina del Campo. Nubloso y triste por todos los lados, está entrando este año de 1434. Los cielos no dejan de echar nieve, los suelos están despoblados de reses mansas y bravas, muertas del frío, los hombres andan aturdidos.

Ese viernes primero de enero es día de fiesta en Medina del Campo porque allí está la Corte; porque el Rey Juan, la Reina María, el Príncipe Enrique y el Condestable Don Álvaro de Luna quieren celebrar el año nuevo con suntuosidades que más bien parecen gentiles.

La sala de grandes fiestas, como un paréntesis sobre la Castilla hambrienta, se envuelve en el vaho caliente de los perfumes que emana de los dorados braseros.

En el estrado el Rey, la Reina y el Príncipe dejando caer su vista sobre la sala.

Grupos de músicos de Corte acompañados de juglares – arpa, laúd y vihuela – envuelven con dulce estrépito la sala.
Resbalan los chapines, pegados al suelo con ritmo melodioso de salmo. Es la danza simbólica de los halcones y las palomas que tanto priva en las Cortes de Europa.
Giran las parejas, se inclinan, se alzan, se paran un instante con el brazo tendido al aire, vuelven a moverse. Se hacen y se deshacen.

De pronto, un formidable estrépito de caballería y de choques metálicos sube como una oleada de los patios del castillo y se estrella en los vidrios de colores.
Un doncel entra en la sala y se dirige raudo hasta Don Álvaro para comentar breves frases en su oído.
Don Álvaro después de escuchar se acerca al soberano y algo le dice también que el soberano recoge atento con afirmativas inclinaciones de cabeza.

Se para la música. Es orden del Rey. De par en par se abren las puertas y por ellas entran como arrancados de la nieve, cubiertos de arriba debajo de acero blanco, armados de todas las armas diez caballeros.

Avanzan hasta el estrado ante el Rey. Una vez allí, nueve de los diez caen rodilla en tierra. Uno queda en pie. Se adelanta. Sube los escalones. En el mismo plano que el rey se alza la visera y se hinca de rodillas.

El soberano sonriente tiende la mano al caballero. Suero de Quiñónes la toma y la besa respetuosamente.

Momentos de silencio. Desde el centro de la sala, avanzando hasta el estrado y colocándose al lado de Suero llega el Faraute Avanguarda que luego de desenrollar un grueso pergamino, alza la voz para decir:


“Señor: deseo justo y razonable es que los en prisiones o fuera de su libre poder son, desear la libertad.
E como yo, Suero de Quiñones, sea en prisión por una señora por la que traigo todos los jueves este fierro alrededor de mi cuello, poderoso señor, he concertado mi rescate en trescientas lanzas rompidas por el asta con fierros de Milán de mí e de estos nueve caballeros que aquí son. Por ello pido alzar mis tiendas en el Camino Francés a Santiago de Compostela, para celebrar Justas, allá en mis tierras de Hospital de Orbigo, allí donde suelen pasar los que van al Sepulcro del Apóstol Santiago.
Pido que estas tengan una duración de 30 días. 15 antes de Santiago y quince después, luchando contra todo Caballero que por allí pasase o bien expresamente acudiera a las Justas. Se romperán tres lanzas por caballero, contando por rota la que ficiere sangre.
Pido también que cada dama que por allí pase y sea de clase noble deje su guante derecho, para perderlo sino lo rescata en lucha algún caballero que por ella haga armas. Y pido señor que si pasara mi señora, no deje su guante y nadie pueda hacer armas por ella sino yo mismo, pues el mundo no hay nadie que lo pudiera facer como yo, por el amor que la tengo. Y una vez conseguido el reto se me declare libre de mi prisión de amor.
Más lo dicho se entienda salvando dos cosas. Que vuestra Majestad real non ha de entrar en estas pruebas, ni el muy magnifico señor Condestable, Don Álvaro de Luna”

El Rey reúne en sala contigua a su Consejo. Allí están el Condestable, el Almirante, el Mariscal de Campo, el adelantado Manrique y el obispo de Palencia.
Tras la deliberación vuelven a la sala de baile y el Faraute Avanguarda lee el pliego que le han dado:

“Sepan todos, Caballeros e gentiles Omes del rey Nuestro Señor, que él da licencia a este caballero para esta empresa, guardadas las condiciones que nin el rey Nuestro señor nin su Condestable entre en ella.”

De esta manera el Caballero Don Suero de Quiñones con el permiso del rey concedido para celebrar las Justas se traslada con su séquito hasta León y a los poco días de su traslado comienza a dirigir las instalaciones de los que será la base de las Justas, en una pradera al lado del puente en Hospital de Órbigo.



4. LAS JUSTAS

El 10 de julio está montado el palenque a orillas del puente sobre el Orbigo. Ese mismo día por la tarde aparecen en la puerta del lugar de la liza los tres primeros caballeros que llegan a romper sus lanzas. Estos son un alemán, Micer Arnaldo de la Floresta Bermeja y los otros dos valencianos, Mosén Per Fabla y Mosén Juan Fabla, hijos de Juan Fabla, señor de Chella.

Presidirán las contiendas el Almirante de Castilla, cuñado de Suero de Quiñones, como jefe de Armas y los jueces Pedro Barba y Gómez Arias. Así comienza el ya mencionado Paso Honroso.



Entre los muchos caballeros que acudieron a la llamada del torneo podemos citar a: Rodrigo de Zayas, Antón de Funes, Sancho de Zapata, Fernando de Liñán, Mosén Per Davio, Francés Davio, Vasco de Barrionuevo, que llega al lugar para ser nombrado caballero y combatir y así lo hace, Diego de Mansilla, Juan de Sota, Diego de Ulloa, Lope de Mendoza, Mosén Bernal…

El día 20 de julio llega al Paso, volando en su corcel, un faraute de Pedro Álvarez-Osorio, señor de Villalobos. Entrega un mensaje a Suero de Quiñones y vuelve hacia Astorga de donde ha venido. Es la misiva de un viejo conocido de Suero de Quiñones: “Gutirre de Quijada”.

Suero recuerda al caballero tan poco simpático para él.

El objeto de la misiva entregada a Suero de Quiñones por Gutierre González Quijada era anunciar al primero que se encontraba de romería con otros compañeros más y que sabida por él la prisión de amor en la que se encontraba y la formula elegida para salir de ella <>.

“Folga” Quiñones con la noticia: es la primera vez que llega al Paso una “compañía” de aventureros organizada bajo el mando de un Capitán. Se trata de nueve caballeros, diez con Quijada: exactamente el mismo número que el de los mantenedores y todos son luchadores escogidos, famosos en mil justas. << Estos nueve compañeros fueron: García Osorio, su primo, e Rodrigo Quijada, e Alfon Quijada, e Bueno de Solís, e Juan de Castellanos, e Diego Zapata, e Juan de Villalobos, e Alfon de Cavedo de Xuara e Gonzalo De Castañeda>>.






Llegan al Paso.
Suero por medio del rey de armas y del Faraute, da la bienvenida a los caballeros y ofrece gentilmente a Quijada la primera justa de aquel día y lo <>.

Pero Quijada no llega con gesto cordial de amigo, sino con gesto suspicaz de beligerante. ¿Hay también en su fondo algún viejo rencor en su subconsciente contra Quiñones?
Sentado en su tienda Quijada a pedido del rey de armas del torneo, se le muestren los capítulos del Paso; y los lee en silencio, con desconfiada atención, para luego rechazar, hosco, los ofrecimientos de Quiñones:
<>.
Y envía a la tienda de Quiñones a un escribano que con él ha traído – Villalobos – para que ante fe de él se ratifique el Capitán, con juramento solemne en los capítulos del Paso. De otro modo, sin este requisito previo, Gutierre González Quijada no combatirá.

Suero de Quiñones en su tienda se muerde los labios con rictus nervioso al recibir la respuesta y al recibir el requerimiento, pero calla y accede a ello.

El faraute toma juramento a Quijada y todos los caballeros se dirigen a la tienda de las fiestas, donde junto con los caballeros de don Suero celebran una gran fiesta. Suero habla animadamente con Quijada, sin que otra cosa que camaradería trascienda de su mirada. Gutierre se siente ganado un poco por el ambiente cordial de los caballeros del Paso.

Retirados los caballeros a sus tiendas. Es de noche. El rey de armas y el faraute se presentan a Suero. Traen un ruego de Gutierre González Quijada. Y el ruego es que sea el propio Suero quien luche con él, con Quijada. Quijada pide este honor.

Suero de Quiñones como contestación de la demanda, se limita a enviar a Gutierre el capítulo del Paso por él aceptado, en el que se ordena que ningún conquistador sepa con quien ha de justar hasta que sus armas sean acabadas, y se concreta a decir a Quijada que tenga la seguridad de que tanto él como sus compañeros tendrán en la arena, delante de él el honor y el comportamiento como caballeros sin reproche.

Gutierre González Quijada ha recibido la respuesta, sobre su orgullo, como un latigazo. ¿Es que puede tolerar esto su honor?
Suero de Quiñones respira tranquilo con profunda satisfacción:<<¿veis que sencillo ha sido? Ya he dado la respuesta al fanfarrón: con una palabra, con una razón, tan en su lugar, que el propio caballero Quijada, intentando construir una sonrisa, ha tenido que contestar que la tenía por justa>>.
En el sorteo del combate es Gonzalo de Castañeda quién tiene que enfrentarse a Suero de Quiñones y tras largo combate es este quien vence.
Castañeda públicamente mientras es retirado herido de la contienda declara públicamente. << he estado en muchos rompimientos, tan peligrosos o más que este y he llevado siempre la mejor parte, hasta ahora, que he sido derrotado por don Suero de Quiñones, y quiero proclamar públicamente que he sido derrotado por el mejor caballero de la cristiandad>>.

Gutierre González Quijada está hosco. Un caballero de su propia compañía proclamando, para que todos los sepan, ser la lanza de Quiñones la mejor lanza de la cristiandad. Buena respuesta para los desplantes de Quijada.

Poco importa ya que Gutierre González Quijada, sin darse por vencido, se presente ahora en la arena para celebrar su justa, rodeado de un cuadro espectacular, donde se mueven pajes empurpurados, caballeros que le hacen guardia, joyas y espadas de oro. Poco importa, porque, en su fondo, Quijada se siente derrotado, y su orgullo se le arremolina, y en sus ojos estalla nubes de rencor:
<>.






































5.- LA LUCHA POR UNA RELIQUIA

A finales de agosto de 1.433 hay gran revuelo en León. Regresa Suero de Quiñones del Campamento bajo el puente del río Órbigo. No han roto las lanzas prometidas pero el rey ante el escaso número para conseguirlas y el valor demostrado en el torneo libera a Suero de Quiñones de su prisión de amor y le da permiso para casarse.

Suero trae el brazo en cabestrillo los mantenedores le rodean, heridos todos. Hasta curar sus heridas permanecerá en León y en Laguna de Negrillos.

Al comenzar el invierno de 1.433 Suero abandona la comodidad de su castillo de Laguna de Negrillos y como un humilde romero toma el camino francés de Compostela.

Cuando llega se postra ante el sepulcro del Apóstol y hace el rito de los peregrinantes. Coloca a los pies del Apóstol el amplio anillo de oro en recuerdo de aquel de hierro que llevó en torno a su cuello. Anillo que en ocasiones, en la actualidad es colocado a la figura del Apóstol alrededor de su cuello, figura que domina el retablo mayor.

Regresa a León y visita a su tío Gutiérre, obispo de Palencia y familia de los Gutiérre de Quijada.

Tan grande es la amistad de los que le colma con largos obsequios en su honor y le entrega un papiro muy especial envuelto en papel de becerro. Suero lo desenrolla, lee su contenido y lo guarda dentro de sí. Besa la mano del obispo y tomo camino a la Corte en Valladolid, donde la nobleza se revuelve en torno al condestable y ante la indolencia del rey Juan II.

1.434 es un año de hambre sobre los campos de Castilla, hecho que le hace retrasar su boda.

El 24 de abril de 1.435 se casa con Doña Leonor de Tovar entre los cerca de mil invitados destacaban sus tres cuñados: El Almirante de Castilla, El Conde de Benavente y Acuña.

En 1.440 grandes revueltas se viven en Castilla. Suero de Quiñones, Pedro de Quiñones, El Almirante de Castilla y el Conde de Benavente, se dirigen junto a otros caballeros a la Corte de Valladolid. Comunicando al rey que están con El Adelantado y en contra del Condestable. Dicho lo cual salen de la Corte y se dirigen a su lugar de origen.

El rey persigue a los insurrectos con el ejército del Condestable. Cae Medina de Río Seco, cae Benavente y Pedro y Suero de Quiñones huyen a Asturias haciéndose fuertes en Llanes.

Restablecido el orden los rebeldes llegan de nuevo a la Corte: Juan II, El Rey de Navarra y algunos caballeros más junto a ellos, como el Infante D. Enrique, el Adelanto Manrique, El Almirante de Castilla y el Conde de Benavente discuten como separar al Condestable D. Álvaro de Luna de la Corte.

Suero y su hermano Pedro con el resto de los caballeros esperan en Valladolid.

D. Álvaro queda lejos en espera de lo que decidan hacer con él. La decisión está tomada el Condestable es expulsado a sus tierras. Un pequeño grupo de caballeros le acompañan, entre ellos Gutiérre Quijada.

Sabe D. Álvaro que su vuelta triunfal está por llegar.

Estamos en 1.442. Mientras Suero de Quiñones reposa en León de sus dominios en Asturias, han salido hacia la Corte gentes pidiendo justicia y ayuda. El rey, Juan II, encarga al Príncipe de Asturias, el Infante Enrique, solucionar el conflicto.

Pedro y Suero de Quiñones entienden este arreglo como una afrenta. Acuden al Almirante de Castilla. Se les une el Conde de Benavente y entierras de Olmedo declaran batalla directa a los ejércitos reales.

Parecía perdida para el rey la batalla cuando aparecen los soldados del Condestable D. Álvaro de Luna. Tocan a victoria las trompetas del rey, retumban los bronces de las campanas de Olmedo, el rey ordena al Condestable tras la victoria que haga justicia:
- Confina por daños al Almirante de Castilla en Torrelobatón
- Al Conde de Benavente en la misma ciudad de Benavente sin poder salir de ella.
- Y son confiscados todos los bienes de los Quiñones.

En 1.448 vuelve el Condestable con toda su fuerza a la Corte. Asentado en ella, retoma lo sucedido en Olmedo y toma las siguientes decisiones:
- Pedro de Quiñones es encerrado en Roa.
- El Conde de Benavente y Suero de Quiñones encerrados en el Castillo de Portillo. Y se prologa por diez años más el encierro del Almirante de Castilla en Torrelobatón.


Huye de Portillo el Conde de Benavente. Haciéndose fuerte en su ciudad. Ante el temor de que Suero de Quiñones haga lo mismo q el Conde de Benavente, es trasladado al Castillo de Castilnovo.

Largas horas de silencio y poca luz. Suero de Quiñones repasa las pertenencias q le han dejado. De entre sus ropas saca el legajo que le entrego su pariente Gutiérre, obispo de Palencia, y lee “Bula por haber servido a Dios con todos los honores y merecedor de sus mejores favores al Caballero D. Suero de Quiñones que demostró al mundo cristiano cual es la fuerza de la fe yo D. Gutiérre obispo de Palencia por la gracia de Dios y nombrado por su Santidad Alejandro VI solicito le sea concedida al insigne caballero reliquia que pueda adorar él, su familia y descendientes, así como todo cristiano que hubiese menester y que a su vez le proteja. Palencia 12 de enero de 1.434”.
Un rayo de esperanza le impulsa a seguir vivo.

1.448 el Condestable tras liberar a Pedro de Quiñones decide dejar libre a Suero de Quiñones por evitar una posible revuelta a favor de Suero de Quiñones.

Libre no se dirige a León, toma camino de Navarra y huésped de su amigo el rey de Navarra se recupera durante unos meses. A su lado, desde León, han llegado los cinco caballeros de confianza. Aún se alejan más cruzando el sur de Francia y la Toscana italiana han llegado a la mismísima Roma.

Tras esperar su tiempo son recibidos en audiencia por su Santidad Alejandro VI, quien tras leer el pergamino entregado por Suero de Quiñones a su persona, y recibir las bendiciones del mismo. Le es entregado a Suero una pequeña caja de madera con un relicario dentro.

Toman los seis caballeros camino a casa y llegando a León.

Folga D. Suero con su esposa e hijos después de años sin verse. Orgulloso como se siente por su vuelta y por lo q entre ahora cuenta en su poder, decide después de haberlo comentado con su esposa, dar a adorar a sus familiares uno de los secretos mejor guardados: su reliquia. Una espina de la cruz de Cristo.

Enterado el obispo de Palencia por el Fray Jerónimo de Villalobos confesor de Doña Leonor de Tovar, de la posesión de la reliquia y del peregrinaje que pensaba hacer D. Suero de Quiñones por tierras castellanas informa de lo mismo a su familiar Gutiérre Quijada. Éste se traslada a su fortaleza de Barcial de la Loma, tranquilo, por allí a de pasar tarde o temprano.

Parte de León D. Suero hacia Benavente, de allí hacia Medina de Río Seco a ver a su cuñado El Almirante de Castilla. Y tras pasar varios días junto a él, se dirige hacía Valencia de Don Juan, antes de llegar a León.

La noche le coge en Barcial de la Loma y decide pasarla junto con sus cinco caballeros que le acompañan en un monasterio franciscano a las afueras del pueblo.

Noche pesada de dormir. No duerme D. Suero por temor, ni Fray Bernardino de Santa Olalla por correr a informar a la Fortaleza de la presencia de los seis caballeros.

Se levanta D. Suero de Quiñones y con su propia espada excava un agujero en los alrededores del monasterio donde entierra su reliquia.

Al amanecer toman sus monturas para emprender el camino que les falta. Apenas a mil metros se encuentran frente a frente con las tropas de Gutiérre de Quijada. Y allí le dio muerte.




















































6.- EL DESENLACE

El 11 de julio de 1458.

Día bochornoso pesado y caliginoso que oprime el ambiente. Nubes grises navegan, perezosas en el azul.
Sobre el verde oscuro de la pradera, en este campo abierto a todos los aires aquí, entre Castroverde de Campos y Barcial de la Loma dos caballeros sobre sus caballos esperan el uno frente al otro, embutidos en sus armaduras y con las lanzas prietas en la mano Suero de Quiñones y Gutierre González Quijada



Firmes un instante, tensa la brida los corceles. Después, el uno contra el otro, hundiéndose las lanzas se acometen los caballeros. Giran y giran entre un montón informe de relinchos, los corceles, encabritados arrancan con sus cascos el césped.

Uno de los caballeros sale lanzado de su silla como una catapulta contra el suelo y queda allí inmóvil, mientras por los resquicios de la visera le fluyen hilos de sangre que humedecen el acero y gotean en la hierba: es Suero de Quiñones.



Desmonta Quijada, le quita trabajosamente la armadura. Está mortalmente herido Suero. Está blanca su cara, entornados los ojos, todos llenos de sudor y coágulos de sangre.
Gutierre está aterrorizado; después se queda pensativo y triste.
Alguien pregunta:
- Señor. ¿Suero de Quiñones huyó?
Y Quijada contesta:
- No era él Caballero que había de huir. Buscadle entre los muertos que allí le hallaréis.
Y así fue, que, como andaba entre los delanteros el primero de todos murió.

Doblan las campanas de las iglesias de León. Tristeza en el ambiente. Llanto entre los familiares y amigos: Pedro, Diego, Benavente, Acuña y el Almirante.

En el convento de San Francisco de León su alma está recibiendo tierra santa. ¿Cómo así si murió en desafío?
¿Por qué no fue enterrado en la Capilla de los Quiñones, allí junto al panteón de los Reyes, en San Isidoro?

Nadie lo sabe. Tan solo queda el dato en el testamento de su esposa en el que afirma que su Santidad Alejandro VI, de quien recibiera la reliquia, educador de Juan II y amigo del Condestable, había sido franciscano. Y en su honor y el mucho bien hecho por los Franciscanos de Barcial de la Loma se toma la decisión sobre su entierro. Aunque nadie sabe nada de la Reliquia. Ni siquiera su esposa Leonor a quien la muerte del caballero la llegó por sorpresa.

Se fue del mundo Don Suero de Quiñones de manos de Don Gutierre González Quijada, allí entre Barcial de la Loma y Castroverde.

Allí fue erigida una cruz suntuosa: la Cruz del Muerto le llamaban las gentes, allí donde suero de Quiñones cayó por vez primera en su vida.
Una cruz como de dos metros de altura. Lisa. Sin inscripción alguna y colocada sobre tres bases de piedra que su superficie va en disminución, formando escalones hasta el nacimiento de la cruz y rodeada de cuatro pilones unidos por cadenas.

La muerte de Suero de Quiñones y los posteriores actos de Gutierre en busca de la desconocida reliquia (para la mayoría de la gente), enemista para siempre a Gutiérre Quijada con el Condestable Álvaro de Luna, ya que Suero de Quiñones era familiar de este.

Esta enemistad queda reflejada la Crónica de Enrique IV cuando relata. << en 1465 vino a servir al rey Gutierre Quejada, señor de Villagarcía, varón muy noble y estremo caballero, enemigo del conde Luna porque avía muerto a un su tío llamado Suero de Quiñones>>


























ANEXO 1

LA OTRA RELIQUIA
Años más tarde sin haber conseguido uno de los principales de sus propósitos Gutiérre de Quijada, la posesión de la Santa Espina de Suero de Quiñones ordena a los franciscanos del monasterio de Barcial de la Loma trasladarse a la iglesia-convento de San Miguel.
Ya libre el monasterio es destruido palmo a palmo en busca del relicario.


Durante la guerra de las Comunidades de 1.520 se pierde la pertenencia de Barcial de la Loma a la casa de los Quijadas entonces en manos de D. Luís Gutiérre Quijada.

En febrero de 1.520 D. Luís abandona Villagarcía entregando el pueblo a los caballeros comuneros y el se va hasta Bélgica a la corte del emperador.

El 21 de abril de 1.520 salen de Medina de Rioseco a las órdenes del Almirante de Castilla las tropas comuneras a las que se unen las tropas de Villabrágima, las tropas de Tordehumos y estableciendo campamento entre los pueblos de Barcial de la Loma y Castroverde para dilucidar esa noche si marchar esa noche hacía Villalar o bien atacar y tomar Villalpando resistente al levantamiento comunero.

Se decide atacar Villalpando, pueblo que toman y someten, mientras las tropas imperiales derrotan a los comuneros en Villalar dando por finalizado el levantamiento comunero.

Con el emperador y formando parte de la corte viene a Castilla D. Luís Gutiérre Quijada a quien se le devuelven todos sus señoríos excepto Barcial. Sin saber que motivos hubo de esto.

Tanta fue la amistad de D. Luís Gutiérre Quijada con Carlos V que cuando D. Luís se casa con Doña Magdalena de Ulloa entrega al matrimonio para su educación a su hijo bastardo D. Juan de Austria (Jeromín) que es criado en la casa de los Quijada y educado en los jesuitas de Villagarcía.

Aprovechando la amistad del emperador con el Papa, estamos en plena reforma, D. Luís pide al emperador un favor, que se le conceda una Reliquia en concreto: Una espina de la corona de Cristo, para cuya adoración levantará un convento, el Monasterio de la Santa Espina.

D. Luís solo pone una condición que junto a la reliquia venga una cédula de autentificación. Cédula de obligatoria lectura a cuantos peregrinos acuden a su veneración.
Se cura de esta manera en salud siguiendo lo que imagino le habría llegado información de sus antepasados de una posible aparición de una reliquia de iguales características.
EL CERDO

Lo que tenía que ocurrir ocurrió.
Cuenta la tradición que uno de los cerdos perteneciente a una piara que por la parcela del antiguo monasterio de Franciscano solía salir a pastar, todos los días acudía a hociquear aun mismo lugar.
Tras la curiosidad del porquero entre ambos encontraron una caja de madera sin adorno alguno. El porquero creyéndose rico rompió la misma con prisas apareciendo en su interior un relicario de medianas dimensiones, de plata y sus lados cerrados con cristales finamente abrillantados.

En su interior una espina de zarza, pequeña, sujeta al relicario por un cuello de plata.

Era en 1.605 cuando esto sucede. Y desde entonces la veneración por lo que enseguida se llamó La Santa Espina, venerándolo en dos fechas distintas a ,lo largo del año.
Celebrando NOVENA en cada una de las celebraciones y ofreciendo, misas, donativos y promesas a la misma ante cualquier percance, en la salud, la economía y la buena marcha en la vida de los creyentes cuya fe y devoción aumenta con el paso de los años. Son en la actualidad motivo de llenos en las misas de verano dedicadas a la Santa Espina con la correspondiente ofrenda y adoración a la reliquia.

Sin saber ni cómo ni quien hizo llegar la reliquia la devoción por ella cruza fronteras.

Fue enterrada por Suero de Quiñones y descubierta años más tarde por un cerdo. ¿Por qué no? Desde ese momento la veneración por la misma ha ido creciendo de tal manera que llamó la atención en las poblaciones de la comarca.

Tal es así que en el monasterio de la Santa Espina mandado construir por os quijadas para venerar otra reliquia, hace uso de la cedula de identificación concedida por el Papa, y haciendo algo que pocos saben:
Cambian el texto para de esa manera y obligatoriamente leer a cuantos peregrinos llegan el texto de la cédula de identificación de la Reliquia del Monasterio de la Santa Espina y el añadido. Diciendo textualmente:
“Esta espina sí es auténtica y no como la que se venera en un pueblo de al lado llamado Barcial de la Loma”.


No habían pasado tantos años desde la venganza y muerte de D. Suero de Quiñones.

Mientras la Santa Espina de Barcial de la Loma no apareció, las relaciones a nivel religioso fueron buenas

La parroquia de Barcial de la Loma es entregada a los Jesuitas con el nombre de San Pelayo. De gran devoción en Asturias, tierra a la que unen muchos lazos a Doña Magdalena de Ulloa, esposa de D. Luís Gutiérre Quijada.
Como ejemplo del poder concedido por el monarca a Doña Magdalena de Ulloa sobre los jesuitas citaremos parte de los edificios que por ella se construyeron: teniendo en cuenta que estamos en plena Contrarreforma:
- Construye el convento de las Pelayas en Oviedo
- El colegio de los Jesuitas de Monforte de Lemos
- La Iglesia de la Anunciación en Santander
- La Iglesia de San Matías en Oviedo (Hoy San Isidoro)
- Colegio de los jesuitas en Villagarcía
- Monasterio de la Santa Espina

Es en 1.549 año en se celebró las bodas entre D. Luís y Doña Magdalena cuando se termina la torre de la Iglesia. Iglesia construida sobre un viejo monasterio Benedictino a los que se invita a entregar los lugares a los jesuitas
Y se encarga la construcción del retablo de la misma.

En el que podemos ver una serie de contradicciones fuera de época debidas sin ninguna duda a las presiones ejercidas de Doña Magdalena sobre el escultor:


- En uno de sus cuadros se muestra el martirio de San Pelayo (Joven de 13 años asesinado por el sultán de Córdoba, cortándole brazos, piernas y cabeza)




- En otro de los cuadros se ve a un grupo de jesuitas portando a hombros un féretro. El féretro de D. Luís Gutiérre Quijada, muerto 24 de febrero de 1.570 en Caníles, Granada, y enterrado provisionalmente en Baza.
Doña Magdalena manda traer a hombros sus restos hasta Villagarcía (650 Km) a doce jesuitas tardando 18 jornadas.



- Y colocando en el centro del retablo en figura guerrera D. Luís Gutiérre Quijada en honor a su muerte en batalla.




Un añadido que rompe toda la estructura, armonía y belleza del retablo. Esta figura se ha confundido durante muchos con San Pelayo o en el mejor de los caso con D. Pelayo, no siendo ni uno ni otro



ANEXO II
LA CRUZ DEL MUERTO

Si hasta ahora todos los nombres, lugares y fechas son reales o al menos como tal están recogidos en los documentos, lo que a continuación no está documentado y no deja ser mera intuición, sospecha.

Pero una intuición, una sospecha muy cercana a la realidad al aplicar sobre ella la lógica.

Dice la leyenda que donde cayó muerto D. Suero de Quiñones se levantó un “Cruz suntuosa” la Gran del muerto la llamaban las gentes de Barcial de la Loma y Castroverde de Campos.
Suero de Quiñones fue abatido en el viejo camino del molino entre Barcial y Castroverde, pero en término de barcial y de largo.

Yo particularmente recuerdo un mojón en el camino que al pasar delante de él, siempre mi abuelo Maximiano me decía: “mira hijo aquí mataron a un gran caballero leonés, D. Suero de Quiñones. Vinieron desde León a colocar la piedra”.

Hace ahora un año me acerqué a Castroverde tras recorrer lentamente lo que ahora son tierras de labranza y antes un camino. Entré en el pueblo por las bodegas. No había entrado nunca por ahí o al menos no lo recordaba.

Y lo primero que vi fue una “Cruz Suntuosa” de piedra e igual a la descrita en los documentos a la levantada en el lugar donde cayó D. Suero de Quiñones.
Exactamente igual.

Está frete a algo que parece una nave, ermita rara. Pregunté a unos paisanos que tomaban la sombra:
-“Es la ermita de la Cruz. Sólo tiene culto una vez al año”.
-¿Una ermita en mitad casi del pueblo? Se suelen construir a las afueras.
- “Creo que la construyeron después de levantar la cruz que tienes en frente de ti. Estaba en el camino de Barcial”.

En ese mismo instante supe que estaba ante la muy buscada por mí: “Cruz del Muerto”
¿Qué hacía allí? Ese es otro cometido.
No olvidemos que tras dejar de pertenecer al señorío de Villagarcía de Campos, al menos en el aspecto religioso pasamos a depender del Doctor Izquierdo Arcipreste de Castroverde de Campos, miembro de la Santa Inquisición. Con quien cuyo beneplácito se realizarían ciertas maniobras a favor de unos para desfavorecer otros.

Ref: 2752 - Ultima modificación:11-01-2008
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